Práctica Reflexiva y Coaching

22/11/2018

Coaching y práctica reflexiva: ¿dos enfoques complementarios?

Aunque con objetivos y procedimientos diferentes, existen numerosos vínculos entre el coaching y la práctica reflexiva en la medida en que ambos ofrecen miradas y técnicas complementarias destinadas a facilitar y fortalecer el aprendizaje a través de la reflexión sobre la propia experiencia. En este breve artículo consideramos algunos de esos vínculos e intentamos abrir un espacio de diálogo en torno a un tema que aún no ha sido suficientemente explorado.

Comencemos por considerar dos definiciones.

Según van Nieuwerburgh (2012) el coaching es “una conversación uno a uno centrada en la mejora del aprendizaje y el desarrollo a través de un aumento de la autoconciencia y del sentido de responsabilidad personal, en la que el coach facilita el aprendizaje autodirigido del coachee mediante preguntas, escucha activa y el desafío apropiado de ideas y creencias en un clima alentador y de comprensión”.

Para Barnett (1992), la práctica reflexiva es un medio para estimular el desarrollo de la capacidad de observarse y de emprender un diálogo crítico consigo mismo y con todo lo que se piensa y se hace. Es un procedimiento reflexivo en el que nos interrogamos sobre nuestros pensamientos o acciones.

Como podemos observar, en ambas definiciones encontramos menciones al incremento de la autoconciencia y al aprendizaje a través de la autoobservación, el diálogo, las preguntas y la reflexión sistemática. En este sentido, y aunque una de las finalidades del coaching es la acción que lleva a la consecución de metas de manera eficaz, esa acción va siempre ligada a un proceso de reflexión (Whitmore, 1992; Grant, 2003). De hecho, quienes trabajamos en el ámbito del coaching decimos que un resultado esencial es el aprendizaje. Lo que el coachee aprende a lo largo del proceso le ayuda a elegir cada vez mejor y, en último término, le hace más competente y refuerza su capacidad de reactivar y utilizar los recursos necesarios en contextos distintos. Además, qué duda cabe de que este ciclo de acción, reflexión y aprendizaje a lo largo del tiempo es el que conduce a un cambio eficaz y sostenido. Las personas que participan en un proceso de coaching actúan, reflexionan y aprenden, lo que impulsa nuevas acciones basadas en la experiencia adquirida a través de un ciclo que se hace continuo.

Esta relación entre acción y reflexión coincide también con algunas de las bases teóricas de la práctica reflexiva, entre ellas, el modelo de racionalidad técnica de Schön (1991) y teorías constructivistas tales como la del aprendizaje experiencial de Kolb. Kolb (1984) define el aprendizaje como “el proceso en el cual se crea el conocimiento a través de la transformación de la experiencia” (p. 38), siendo la reflexión una parte explícita y fundamental en dicho proceso. También encontramos evidencias del uso de la reflexión sistemática en la literatura relacionada con la práctica del coaching. Así, por ejemplo, Withworth et al. (1998) nos ofrecen uno de los muchos ejemplos de esta convergencia al afimar que “La curiosidad [del coach] permite al cliente explorar y descubrir, y abre una amplia gama de posibilidades que le ayudan a ser más reflexivo. La curiosidad invita al cliente a buscar sus propias respuestas.” (p. 65).

Puede que, a primera vista, el coaching se considere básicamente como un proceso enfocado a la acción, sin embargo, como hemos intentado mostrar y como es evidente en la literatura más reciente, la relación entre acción y reflexión está en la base del coaching. Por ello, desde el inicio de una relación de coaching, será útil revisar la práctica reflexiva del propio coachee. Algunas preguntas útiles serían las siguientes:

  • ¿Cuándo dedicas tiempo a reflexionar sobre tu práctica profesional?
  • ¿Cuánto tiempo dedicas a ello?
  • ¿Es un hábito regular?
  • ¿Reflexionar antes y después de llevar a cabo acciones importantes?
  • ¿Cómo creas un entorno apropiado para la reflexión?
    • ¿Reflexionas mejor en tu despacho, dando un paseo o en otro contexto?
    • ¿Cómo evitas las distracciones e interrupciones?
    • ¿Cómo te centras en aquello sobre lo que quieres reflexionar?
    • ¿Qué técnicas utilizas para relajarte y dejar fluir creativamente tus ideas?
  • ¿Cómo registras tus reflexiones?
  • ¿Cómo las aplicas?

Uno de los beneficios de formular estas preguntas en las primeras conversaciones de coaching es que desde el inicio ponemos énfasis en la importancia de la reflexión y creamos la expectativa de que el coachee vendrá a las sesiones con parte de su reflexión hecha y lista para ser compartida. Incorporar la práctica reflexiva en todas las sesiones ayuda también a crear el hábito de reflexionar sistemáticamente.

Está claro que, desde el punto de vista del coaching, entendido como un proceso enfocado al cambio a través de la definición de metas y planes de acción que permitan dar los pasos necesarios para alcanzarlas, la práctica reflexiva es una herramienta fundamental. Desde otra perspectiva, creemos también que el coaching aporta a la práctica reflexiva mecanismos para establecer metas que posibiliten un cambio programado, progresivo y mantenido en el tiempo. Sabemos, no obstante, que aún son necesarias más experiencias e investigaciones que ayuden a definir claramente cómo combinar ambas técnicas en un mismo proceso, y en parte este es el desafío que nos hemos planteado desde la Plataforma Internacional Práctica Reflexiva, un desafío al que te invitamos a participar aportando ideas.

Dra. Andrea Giraldez-Hayes

Directora del Master de Psicología Positiva Aplicada y Psicología del Coaching en la University of East London Miembro del Equipo directivo de Plataforma Internacional Práctica Reflexiva

Referencias

Barnett, R. (1992). Improving Higher Education. Buckingham: Open University Press.
Kolb, D. A, (1984). Experiential Learning: experience as the source of learning and development. Englewood Cliffs: Prentice-Hall.
Grant, A. M. (2003). The impact of life coaching on goal attainment, metacognition and mental health. Social Behaviour and Personality, 31, 3.
Schön, D. A. (1991) The Reflective Practitioner: How professionals think in action. Aldershot: Avebury.
van Nieuwerburgh, C. (2012). Coaching in education: Getting better results for students, educators, and parents. London: Karnac Books.
Whitmore, J. (1992). Coaching for Performance. GROWing human potential and purpose. The principles and practice of coaching and leadership. Londres: Nicholas Brealey Publishing. [Traducción al español, Whitmore, J. (2011), Coaching. El método para mejorar el rendimiento de las personas. México: Paidós].
Whitworth, L., Kimsey-House, H. and Sandahl, P. (1998). Co-Active Coaching. New Skills for Coaching People Toward Success in Work and Life. Palo Alto CA: Davies-Black Publishing.

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