La creatividad en el proceso de enseñanza-aprendizaje

02/04/2018

Ser creativo significa combinar nuestros conocimientos con la  imaginación.

(Vicent Ryan Ruggiero, The Art of Thinking)

El pensamiento creativo o pensamiento lateral  es importante porque le da al ser humano la capacidad de descubrir  conocimientos e ideas nuevas (Edward De Bono, 1989). Distintas voces expertas sostienen que las escuelas “matan” la creatividad y que la bloquean cuando tratan a todos los niños como iguales cuando en realidad son diferentes. Un error pedagógico que parece fácil de comprender  pero difícil de desarraigar en la práctica educativa cotidiana. El primer paso para abrir la escuela a la creatividad es entender que los niños son distintos, que piensan distinto y, por tanto, hay que incentivarlos a que hagan cosas originales, por ejemplo lecturas originales para que cuando lean se expresen en sus propios términos; promover la fluidez, plantearles situaciones que los lleven a dar no una respuesta sino dos, tres y más; un camino sino tres, cinco, diez; hay que enriquecer su vocabulario; hay que favorecer en ellos actitudes básicas como el riesgo.

Una consecuencia de esta apertura a la creatividad de los alumnos y alumnas es que el rol y actitud del maestro cambian. Se sitúa al maestro en una zona de incertidumbre profesional ya que está expuesto a la creatividad e inmediatez sorpresiva de sus alumnos cuando potencia que fluya su creatividad en esos procesos de aprendizaje que viven de forma personalizada y significativa.

Factores sociales potenciadores el pensamiento creativo. Existen numerosos factores sociales que intervienen positivamente en el pensamiento creativo. Entre los factores sociales que más lo favorecen se encuentran el aprendizaje a través del error y acierto, la flexibilidad frente a lo innovador, un ambiente fomentador del intercambio creativo, donde se valore lo intuitivo, lo lúdico, lo imaginativo y lo poético. De forma esquemática estos factores se presentan en esta figura.

Elementos bloqueadores de la creatividad. En el polo opuesto y como factores que impedirían el desarrollo de la  creatividad,  pueden destacarse los siguientes:

  • Excesiva disciplina formal
  • La rigidez intelectual
  • El apoyo exclusivo a lo racional
  • La presión que se genera por descalificaciones, ridículo o rechazo.

Centrándose en el ámbito académico, J. Muñoz (1994: 24) señala como factores negativos las presiones conformistas (hacer las cosas como siempre se han hecho o como las hace todo el mundo); las actitudes autoritarias en el aula (coartan el proceso de comunicación necesario para cualquier aprendizaje); actitudes burlonas inhiben la creatividad del mismo modo que el sentido del ridículo; la rigidez de un profesor (por ejemplo, su falta de referencia a los sentimientos, no ayuda a crear un ambiente de participación y libertad, completamente necesarios para la creatividad); la excesiva exigencia de la verdad puede provocar un recorte de los procesos, dejando de lado la creatividad.

Si bien es cierto que nuestra cultura académica siempre se ha decantado hacia el lado de la verdad, la racionalidad frente a la imaginación; la intolerancia hacia una actitud de juego en relación con los contextos de enseñanza-aprendizaje, es una cultura que frustra la creatividad. Por el contrario,  un ambiente creativo, incentiva la curiosidad, fomenta la autoevaluación y el autoaprendizaje, busca un clima de libertad, comunicación y afecto en el aula, pospone juicios sobre las personas y las ideas, promueve la flexibilidad de pensamiento, motiva las preguntas y explora la dimensión holística de las distintas situaciones. En la siguiente figura se muestran esquemáticamente las consecuencias naturales que se producen en un aula en la que se establece un ambiente habitual de  creatividad.              

(Fuente: elaboración propia a partir del pensamiento I. Muñoz, 1994).

Podemos concluir, por tanto, que para potenciar la creatividad precisamos diseñar actividades que potencien las experiencias, la curiosidad y el interés de los alumnos y que incluyan un componente lúdico-pedagógico donde el juego, la exploración de los lenguajes del niño/a y la intencionalidad de las acciones del maestro estén siempre presentes, aprovechando cada momento. Esto nos desvela una aplicación práctica para el aula: este tipo de actividades resultan motivantes para los niños y niñas por ser diferentes a las usadas en la rutina diaria de la escuela. La creatividad se verá estimulada y apoyada en la medida que se posibiliten actividades y espacios que resulten retadores e interesantes para nuestros alumnos.

Dra. Àngels Domingo Roget
Cofundadora y Directora
Docente, investigadora y consultora
@AngelsDomingo
adomingo@practicareflexiva.pro

Referencias bibliográficas
De  Bono, E. (1994) El pensamiento creativo. El poder del pensamiento lateral para la creación de nuevas ideas.  Barcelona: Paidós.

Muñoz, I. (1994). El pensamiento creativo. Desarrollo del programa “Xenius”. Barcelona: Octaedro.

3 Comentarios / Comentaris

  • María Cristina Álvarez dice:

    Muy bueno….!!!

  • FRANCIA ESTHER HERRERA dice:

    Buena información. Es lo que los docentes tenemos que hacer, innovar el proceso de enseñanza fomentando en nuestros pupilos la potenciación de su imaginación. Felicitaciones

  • Marnie Suárez dice:

    Excelente artículo. Aclara la importancia del error para desarrollar la creatividad y lograr el aprendizaje. El error que comete el estudiante nos ayuda a guiar nuestro proceso de enseñanza, particularmente pienso que si lo aprovechamos es una oportunidad para que el docente empiece a conocer como argumenta sus estudiantes y conducirlo a reflexionar sobre lo que expresa y al docente como enseña.

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